CHAPTER VI
Hay que ver cómo pasa el tiempo, y la de cosas que uno tiene para entretenerse y dejar lo de escribir para cuando está la mascota pequeñita pachucha... No sé, supongo que me inspira.
Son muchos los avances de mis técnicas cazadoras. He apurado mis tácticas de atrape y persecución, y lo mejor, mi puntería en el salto a cuatro patas. Todo comenzó lanzándome sobre los pulpos de mis mascotas (ellas les dicen manos) desde diferentes alturas. Tengo una gran velocidad de reacción porque no vean ustedes lo rápidas que pueden llegar a ser. Cuando me canso de cazar figuras en movimiento me entretengo lanzándome a sus buches con gran fuerza. He de reconocer que ésta última acción no les agrada mucho pero me encanta escuchar a la soprano soltar el aire cuando caigo sobre ella (mmmmmmmmm, me encanta cerrar los ojos y pensarla gritando)...
Durante semanas mi gran reto era colarme en su guarida. Tarea ardua donde las haya... siempre cerrada. Lo estuve intentando de diferentes maneras: corriendo tras ellas antes de que cerrasen la puerta, por la ventana... Hasta que de pronto, una mañana, se abre la puerta y oigo mi nombre en el pasillo: "Hiiiiruuu, Hiiiruuuu" salto de la silla al suelo y corro hacia sus dulces voces. No me lo podía creer, ahí estaban en su cesto (íba a decir cestito, pero era más grande que el mío). Cogí impulsó y ¡hooop!, en un santiamén estaba entre colinas de plumas. Nunca creí que allí adentro se encontrase el mejor campo de entrenamiento. Así lo tienen de escondidito, y ahora entiendo lo rápidas y ágiles que son mis mascotas. Es increíble. Fijas un objetivo, te camuflas entre los montículos y sin que se lo esperen te lanzas, y te vuelves a lanzar hacia cualquier cosa que se mueva. Y caes sobre algodones. No como en la terraza (mi campo de entrenamiento hasta entonces) donde comienzan a salirme callos. Por cierto aquí una vista de mi campo de entrenamiento:
Hay que ver cómo pasa el tiempo, y la de cosas que uno tiene para entretenerse y dejar lo de escribir para cuando está la mascota pequeñita pachucha... No sé, supongo que me inspira.
Son muchos los avances de mis técnicas cazadoras. He apurado mis tácticas de atrape y persecución, y lo mejor, mi puntería en el salto a cuatro patas. Todo comenzó lanzándome sobre los pulpos de mis mascotas (ellas les dicen manos) desde diferentes alturas. Tengo una gran velocidad de reacción porque no vean ustedes lo rápidas que pueden llegar a ser. Cuando me canso de cazar figuras en movimiento me entretengo lanzándome a sus buches con gran fuerza. He de reconocer que ésta última acción no les agrada mucho pero me encanta escuchar a la soprano soltar el aire cuando caigo sobre ella (mmmmmmmmm, me encanta cerrar los ojos y pensarla gritando)...
Durante semanas mi gran reto era colarme en su guarida. Tarea ardua donde las haya... siempre cerrada. Lo estuve intentando de diferentes maneras: corriendo tras ellas antes de que cerrasen la puerta, por la ventana... Hasta que de pronto, una mañana, se abre la puerta y oigo mi nombre en el pasillo: "Hiiiiruuu, Hiiiruuuu" salto de la silla al suelo y corro hacia sus dulces voces. No me lo podía creer, ahí estaban en su cesto (íba a decir cestito, pero era más grande que el mío). Cogí impulsó y ¡hooop!, en un santiamén estaba entre colinas de plumas. Nunca creí que allí adentro se encontrase el mejor campo de entrenamiento. Así lo tienen de escondidito, y ahora entiendo lo rápidas y ágiles que son mis mascotas. Es increíble. Fijas un objetivo, te camuflas entre los montículos y sin que se lo esperen te lanzas, y te vuelves a lanzar hacia cualquier cosa que se mueva. Y caes sobre algodones. No como en la terraza (mi campo de entrenamiento hasta entonces) donde comienzan a salirme callos. Por cierto aquí una vista de mi campo de entrenamiento:
Descubro cosas nuevas cada día. Ayer la mascota pequeñita volvió a meterse en un cubo lleno de agua. No era la primera vez que hacía algo así, pero ahora mi curiosidad era mayor. De vez en cuando me asomaba y veía sus pies, otras sus montañas y otras su carita. No sé si me gusta verle ahí dentro, no tenía buena cara. Aún así las vigilaré de cerca por si vuelven a entrar. Quién sabe, quizá un día quieran compartir dicha experiencia conmigo. A veces les escucho hablar sobre los barreños de espuma y velas. Además, una tal Candela tiene un albornoz para mí... Voy a sentirme como un marqués...
Pero de nuevo, lo mejor de todo llega al caer la noche. Un rico aroma me despierta y me ilumina el buche. Lo sigo, lo encuentro y ahí están ellas, con comidas ricas y estupendas. He apurado mis dulces maullidos. Antes no surtían efecto y me daban de comer esas cosas tan duras e insípidas. Pero ahora...mmmmmmmm... cojo aire y digó "mi,mi, miau" y se les pone una sonrisa. Me encanta hacereles felices con las pequeñas cosas. Y es entonces cuando me ofrecen algo de su plato. Les oigo discutir, que si ahora no, que me voy a acostumbrar a molestarlas mientras comen... buff... no dura mucho porque cuando una no mira me da la otra y así me tienen toda la noche, je, je... voy a tener que pensarme un poquito lo de pedirles tanto que me empiezo a notar menos ágil en los saltos (que por cierto, he mejorado mi marca: 2 metros). No sé, aun así resulta complicado pillarles el puntillo. En ocasiones, les pido algo y de repente sacan un artilugio blanco y rosa que me escupe agua. Al principio creí que era un juego para mejorar mis reflejos, pero empiezo a mosquearme cuando termino empapado. Sobre todo me enchufa la pequeñaja. La muy pícara tiene puntería...
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