
CHAPTER V
Este fin de semana ha estado lleno de experiencias nuevas. He conocido a parte de la familia (todos muy grandes) ahora sé lo que siente la pequeñita…, he sido vacunado, he recibido dádivas…
A media tarde sonó el timbre y al otro lado de la puerta tres gigantes con sonrientes caras. Traían paquetitos. Luego comprendí que serían para mí (tengo rascadores -como si fuese a utilizarlos- y un enemigo, es un ratón al que le canto las cuarenta ahora sí y ahora también). Todo íba bien, me hice el duro durante un rato, hasta que la niña gigante me tocó los bigotitos, y me gustó, vaya que sí... Fue entonces cuando el macho me miró a los ojos y bufó... salí pitando, uno nunca sabe hasta donde puede llegar un varón de ese tamaño. No iban a quedarse largo rato puesto que dijeron que estaban a régimen. Vaya régimen, fue sacar algo de aperitivo y se pusieron hasta las barbas a jalar. Fue visto y no visto. Mi mascota grande sacó una ensalada y algo de queso, jamón y fuet, y cuando volví a mirar en el plato no quedaban ni las migas...!!!. No, lo sentimos, decían, pero es que el bizcocho de chocolate... no lo vamos a probar... ya, ya... si repitieron dos y tres veces!!!
Al día siguiente sentí a mis mascotas más pendientes de mí de lo que resulta habitual (en lugar de estar atentas de las tonterías que puedo llegar a hacer las 14 horas que me mantengo despierto y alerta, me concedieron 18 horas!!!). Luego supe por qué. Vino una mujer (la que me tiró en caída libre unos días atrás). Nada más aparecer por la puerta estuvo entretenida con unos papelitos que traía en su mochila. De repente mi gran mascota me cogió y empezó a gemir y decir: "no le dolerá, ¿verdad?"... en ese momento sentí una caricia algo más profunda de lo que me tiene acostumbrado, no estuvo mal. Sentí algo fresquito en el lomo y besos, muchos besos... salí pitando. La que me pinchó dijo que me podría algo ñoño, pero os aseguro que no me han hecho ningún moño.
En fin, pero lo bueno vino al caer la noche…
Esperé a que todo oscureciese, me tumbé sobre ellas, las observé, puedo ser muy paciente si me lo propongo… Cuando la grande se fue a la cama, le acompañé por el pasillo hasta un sitio frío por el que me resbalo cada vez que entro con mis patitas. Observé todos sus movimientos, y me encantó ver cómo cerraba los ojos mientras le salía espuma por la boca. Luego la escupe… lo he intentado pero supongo que implica años de experiencia. Después desapareció y ya no la volví a ver hasta la salida del sol. Pero no importa, lo divertido empezó después.
Me acerco a la pequeña, me subo sobre sus piernas y veo como se le cierran los ojitos, espero, espero y espero… hasta que decide dejarme en una manta (que pesada siempre me arropa y la miro como diciendo: "mmmmmm que agustito" y lo único que quiero es que se las pire para destaparme…!!!). Apaga las luces y se va a la fría sala para hacer espuma con la boca. En cuanto me deja a oscuras salgo pitando detrás de ella. En ocasiones trata de darme esquinazo antes de entrar en aquella habitación, otras me deja que le acompañe y la observe. Y es entonces cuando viene lo bueno. Apaga la luz y sale corriendo por el pasillo. Puedo oler el miedo. Huye de mí… lo sé. Lo malo es que consigue darme esquinazo y se encierra en la habitación. Pero no me importa porque aun así tras la puerta, se escucha su corazón chocando contra su pecho: pum-pum, pum-pum,… Recorro el pasillo sin mirar atrás, y las espero de nuevo, como a la luz que me alumbra al llegar la mañana… y cierro los ojos y dejo que colme mis sueños, ella, la que me acompaña en las noches cerradas… y en las frías y cálidas… Rosita…
Este fin de semana ha estado lleno de experiencias nuevas. He conocido a parte de la familia (todos muy grandes) ahora sé lo que siente la pequeñita…, he sido vacunado, he recibido dádivas…
A media tarde sonó el timbre y al otro lado de la puerta tres gigantes con sonrientes caras. Traían paquetitos. Luego comprendí que serían para mí (tengo rascadores -como si fuese a utilizarlos- y un enemigo, es un ratón al que le canto las cuarenta ahora sí y ahora también). Todo íba bien, me hice el duro durante un rato, hasta que la niña gigante me tocó los bigotitos, y me gustó, vaya que sí... Fue entonces cuando el macho me miró a los ojos y bufó... salí pitando, uno nunca sabe hasta donde puede llegar un varón de ese tamaño. No iban a quedarse largo rato puesto que dijeron que estaban a régimen. Vaya régimen, fue sacar algo de aperitivo y se pusieron hasta las barbas a jalar. Fue visto y no visto. Mi mascota grande sacó una ensalada y algo de queso, jamón y fuet, y cuando volví a mirar en el plato no quedaban ni las migas...!!!. No, lo sentimos, decían, pero es que el bizcocho de chocolate... no lo vamos a probar... ya, ya... si repitieron dos y tres veces!!!
Al día siguiente sentí a mis mascotas más pendientes de mí de lo que resulta habitual (en lugar de estar atentas de las tonterías que puedo llegar a hacer las 14 horas que me mantengo despierto y alerta, me concedieron 18 horas!!!). Luego supe por qué. Vino una mujer (la que me tiró en caída libre unos días atrás). Nada más aparecer por la puerta estuvo entretenida con unos papelitos que traía en su mochila. De repente mi gran mascota me cogió y empezó a gemir y decir: "no le dolerá, ¿verdad?"... en ese momento sentí una caricia algo más profunda de lo que me tiene acostumbrado, no estuvo mal. Sentí algo fresquito en el lomo y besos, muchos besos... salí pitando. La que me pinchó dijo que me podría algo ñoño, pero os aseguro que no me han hecho ningún moño.
En fin, pero lo bueno vino al caer la noche…
Esperé a que todo oscureciese, me tumbé sobre ellas, las observé, puedo ser muy paciente si me lo propongo… Cuando la grande se fue a la cama, le acompañé por el pasillo hasta un sitio frío por el que me resbalo cada vez que entro con mis patitas. Observé todos sus movimientos, y me encantó ver cómo cerraba los ojos mientras le salía espuma por la boca. Luego la escupe… lo he intentado pero supongo que implica años de experiencia. Después desapareció y ya no la volví a ver hasta la salida del sol. Pero no importa, lo divertido empezó después.
Me acerco a la pequeña, me subo sobre sus piernas y veo como se le cierran los ojitos, espero, espero y espero… hasta que decide dejarme en una manta (que pesada siempre me arropa y la miro como diciendo: "mmmmmm que agustito" y lo único que quiero es que se las pire para destaparme…!!!). Apaga las luces y se va a la fría sala para hacer espuma con la boca. En cuanto me deja a oscuras salgo pitando detrás de ella. En ocasiones trata de darme esquinazo antes de entrar en aquella habitación, otras me deja que le acompañe y la observe. Y es entonces cuando viene lo bueno. Apaga la luz y sale corriendo por el pasillo. Puedo oler el miedo. Huye de mí… lo sé. Lo malo es que consigue darme esquinazo y se encierra en la habitación. Pero no me importa porque aun así tras la puerta, se escucha su corazón chocando contra su pecho: pum-pum, pum-pum,… Recorro el pasillo sin mirar atrás, y las espero de nuevo, como a la luz que me alumbra al llegar la mañana… y cierro los ojos y dejo que colme mis sueños, ella, la que me acompaña en las noches cerradas… y en las frías y cálidas… Rosita…
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