sábado, 8 de diciembre de 2007


CHAPTER II

No se por qué razón esta atracción no puedo volver a utilizarla. Han puesto una especie de chimenea rodeando a MI palmera... Pero no me importa. Son muchas las macetas. Me encanta cuando acaban de regarlas. Es genial sentir la tierra húmeda entre mis patitas (ahora negras, ahora blancas...)

La segunda noche en mi nuevo hogar estuvo llena de nuevas experiencias. Descubrí que no estoy solo. Tienen la casa llena de animales (algo sosos). Intenté ponerme de acuerdo con ellos para lanzarnos al suelo desde diferentes alturas y... bueno, finalmente tuve que divertirme a solas. Me acercaba a ellos sigilosamente, los echaba del sillón, y cuando estaban abajo... ¡¡¡zas!!! me lanzaba sobre ellos. Cuando estuvieron todos en el suelo, miré a mis mascotas y ahí estaban, sentaditas en el sillón. Parecía que comían. Oía: "Hiru, Hiru...". Bueno, no tenía nada que perder, me apetecía un poquito de mimos.

La mujer alta, estaba llevándose a la boca una sustancia llamada leche. La pequeña no hacía más que decirle que no se le ocurriése darme nada (aguafiestas)... Así que cuando esta última se despistó, puse mi mejor carita y la mujer de pelo rizado mojó en uno de sus dedos un poquito de leche... buff!!! qué sensación!!!. No podía dejar de lamerle, tanto me emocioné que terminé clavándole mis dientecitos en el dedo. Fue sin querer, en serio, tan solo me dejé llevar. Después de aquello miro de otra manera a la que desde entonces llamo "La soprano", menudo grito pegó...

Durante días estuve explorando la zona más luminosa de la casa. Ellas entran y salen de lo que llaman "terraza". Esperé a que no me prestasen atención y decidí aventurarme y entrar en el lado oscuro... Guau!! digo Miau!! el suelo estaba más liso. Tanto que patinaba. No estuve mucho tiempo porque una de ellas gritó a la otra que el gatito ya no tenía miedo de entrar en la casa... Así que abandoné mi aventura por un rato. Luego, como no podía ser de otra manera volví... y no dejé de correr de un lado a otro. Tomaba carrerilla y me dejaba llevar hasta que me chocaba contra alguna puerta. Tengo que tomarme más en serio mis clases de patinaje...

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