CHAPTER III
Por las mañanas no hay mucho movimiento en la casa así que paso el rato durmiendo, excepto cuando viene Lola. Ellas no lo saben, pero me cuida bien, siempre tiene un nuevo manjar para mi cuerpito. Paso el rato conociéndome. Escalo, salto, vuelo, corro, nado, hablo... Cuando llegan trato de estar en el cestito que con tanto mimo me han preparado. Sé que les hace ilusión encontrarme allí de vez en cuando. Hasta que se sientan en el sillón... mmmmmmm me encanta que me toquen y los CABEZAZOS... Esos son los mejores. Sobre todo la pequeñita; esa si lo ha cogido rápido. Si lo único que tienen que hacer es acariciarme con su hocico un ratito en la cabeza antes de dormirme... para mí significa mucho...
A veces, cuando estamos tumbados las observo. No sé, es algo raro. Se lamen... ¿y por qué a mí no? Lo intentaré de nuevo a ver qué pasa.
Tengo un nuevo amigo. Me encanta porque se deja hacer de todo. Lo cojo con las cuatro patas y rodamos por toda la terraza. A veces le muerdo y me golpea con una correa... Es una relación de amor odio.
Se han ido a dormir. Me dejan colocadito entre algodones y las miro y les digo "hasta mañana" con la patita. Apagan la luz y vuelve la vida. La mujer alta ha descubierto un nuevo juego para mí. Es genial. ¡Las cortinas! El tema consiste en coger carrerilla por el sofá y cuando llego a la altura de las cortinas, cojo impulso y saaaaaaaaaltoooooo. Soy capaz de dar 16 patas antes de caer de nuevo al sillón. Esta mujer es genial...
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