miércoles, 14 de mayo de 2008

miércoles, 26 de marzo de 2008

El sol en la terraza




Hola,



Hace muuuucho que no cuento nada. Mi vida se desarrolla plácida y cálidamente. Hemos tenido bastante caos en casa y , tras unas vacaciones en casa de Lola, he vuelto a mi hogar y advinad: He conseguido que me pongan sol en mis dependencias!!!!


¿ a queestoy guapo al solete? Si, me he hecho un poco mayor pero estoy igual de rico aunque ya no tenga esas dos bolas gigantes tan coquetas entre las piernas. Eso si, ando más ligero con todo el peso que me han quitado.


Disfruto tanto al sol, que hay veces que mi mascota M intenta desplzarme de mi cestita.

Pobrecita, a ella también le hace ilusión lo de la terraza, pero yo soy el rey.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Chapter VI

CHAPTER VI

Hay que ver cómo pasa el tiempo, y la de cosas que uno tiene para entretenerse y dejar lo de escribir para cuando está la mascota pequeñita pachucha... No sé, supongo que me inspira.

Son muchos los avances de mis técnicas cazadoras. He apurado mis tácticas de atrape y persecución, y lo mejor, mi puntería en el salto a cuatro patas. Todo comenzó lanzándome sobre los pulpos de mis mascotas (ellas les dicen manos) desde diferentes alturas. Tengo una gran velocidad de reacción porque no vean ustedes lo rápidas que pueden llegar a ser. Cuando me canso de cazar figuras en movimiento me entretengo lanzándome a sus buches con gran fuerza. He de reconocer que ésta última acción no les agrada mucho pero me encanta escuchar a la soprano soltar el aire cuando caigo sobre ella (mmmmmmmmm, me encanta cerrar los ojos y pensarla gritando)...

Durante semanas mi gran reto era colarme en su guarida. Tarea ardua donde las haya... siempre cerrada. Lo estuve intentando de diferentes maneras: corriendo tras ellas antes de que cerrasen la puerta, por la ventana... Hasta que de pronto, una mañana, se abre la puerta y oigo mi nombre en el pasillo: "Hiiiiruuu, Hiiiruuuu" salto de la silla al suelo y corro hacia sus dulces voces. No me lo podía creer, ahí estaban en su cesto (íba a decir cestito, pero era más grande que el mío). Cogí impulsó y ¡hooop!, en un santiamén estaba entre colinas de plumas. Nunca creí que allí adentro se encontrase el mejor campo de entrenamiento. Así lo tienen de escondidito, y ahora entiendo lo rápidas y ágiles que son mis mascotas. Es increíble. Fijas un objetivo, te camuflas entre los montículos y sin que se lo esperen te lanzas, y te vuelves a lanzar hacia cualquier cosa que se mueva. Y caes sobre algodones. No como en la terraza (mi campo de entrenamiento hasta entonces) donde comienzan a salirme callos. Por cierto aquí una vista de mi campo de entrenamiento:




Descubro cosas nuevas cada día. Ayer la mascota pequeñita volvió a meterse en un cubo lleno de agua. No era la primera vez que hacía algo así, pero ahora mi curiosidad era mayor. De vez en cuando me asomaba y veía sus pies, otras sus montañas y otras su carita. No sé si me gusta verle ahí dentro, no tenía buena cara. Aún así las vigilaré de cerca por si vuelven a entrar. Quién sabe, quizá un día quieran compartir dicha experiencia conmigo. A veces les escucho hablar sobre los barreños de espuma y velas. Además, una tal Candela tiene un albornoz para mí... Voy a sentirme como un marqués...
Pero de nuevo, lo mejor de todo llega al caer la noche. Un rico aroma me despierta y me ilumina el buche. Lo sigo, lo encuentro y ahí están ellas, con comidas ricas y estupendas. He apurado mis dulces maullidos. Antes no surtían efecto y me daban de comer esas cosas tan duras e insípidas. Pero ahora...mmmmmmmm... cojo aire y digó "mi,mi, miau" y se les pone una sonrisa. Me encanta hacereles felices con las pequeñas cosas. Y es entonces cuando me ofrecen algo de su plato. Les oigo discutir, que si ahora no, que me voy a acostumbrar a molestarlas mientras comen... buff... no dura mucho porque cuando una no mira me da la otra y así me tienen toda la noche, je, je... voy a tener que pensarme un poquito lo de pedirles tanto que me empiezo a notar menos ágil en los saltos (que por cierto, he mejorado mi marca: 2 metros). No sé, aun así resulta complicado pillarles el puntillo. En ocasiones, les pido algo y de repente sacan un artilugio blanco y rosa que me escupe agua. Al principio creí que era un juego para mejorar mis reflejos, pero empiezo a mosquearme cuando termino empapado. Sobre todo me enchufa la pequeñaja. La muy pícara tiene puntería...

sábado, 8 de diciembre de 2007


CHAPTER V

Este fin de semana ha estado lleno de experiencias nuevas. He conocido a parte de la familia (todos muy grandes) ahora sé lo que siente la pequeñita…, he sido vacunado, he recibido dádivas…

A media tarde sonó el timbre y al otro lado de la puerta tres gigantes con sonrientes caras. Traían paquetitos. Luego comprendí que serían para mí (tengo rascadores -como si fuese a utilizarlos- y un enemigo, es un ratón al que le canto las cuarenta ahora sí y ahora también). Todo íba bien, me hice el duro durante un rato, hasta que la niña gigante me tocó los bigotitos, y me gustó, vaya que sí... Fue entonces cuando el macho me miró a los ojos y bufó... salí pitando, uno nunca sabe hasta donde puede llegar un varón de ese tamaño. No iban a quedarse largo rato puesto que dijeron que estaban a régimen. Vaya régimen, fue sacar algo de aperitivo y se pusieron hasta las barbas a jalar. Fue visto y no visto. Mi mascota grande sacó una ensalada y algo de queso, jamón y fuet, y cuando volví a mirar en el plato no quedaban ni las migas...!!!. No, lo sentimos, decían, pero es que el bizcocho de chocolate... no lo vamos a probar... ya, ya... si repitieron dos y tres veces!!!

Al día siguiente sentí a mis mascotas más pendientes de mí de lo que resulta habitual (en lugar de estar atentas de las tonterías que puedo llegar a hacer las 14 horas que me mantengo despierto y alerta, me concedieron 18 horas!!!). Luego supe por qué. Vino una mujer (la que me tiró en caída libre unos días atrás). Nada más aparecer por la puerta estuvo entretenida con unos papelitos que traía en su mochila. De repente mi gran mascota me cogió y empezó a gemir y decir: "no le dolerá, ¿verdad?"... en ese momento sentí una caricia algo más profunda de lo que me tiene acostumbrado, no estuvo mal. Sentí algo fresquito en el lomo y besos, muchos besos... salí pitando. La que me pinchó dijo que me podría algo ñoño, pero os aseguro que no me han hecho ningún moño.
En fin, pero lo bueno vino al caer la noche…

Esperé a que todo oscureciese, me tumbé sobre ellas, las observé, puedo ser muy paciente si me lo propongo… Cuando la grande se fue a la cama, le acompañé por el pasillo hasta un sitio frío por el que me resbalo cada vez que entro con mis patitas. Observé todos sus movimientos, y me encantó ver cómo cerraba los ojos mientras le salía espuma por la boca. Luego la escupe… lo he intentado pero supongo que implica años de experiencia. Después desapareció y ya no la volví a ver hasta la salida del sol. Pero no importa, lo divertido empezó después.

Me acerco a la pequeña, me subo sobre sus piernas y veo como se le cierran los ojitos, espero, espero y espero… hasta que decide dejarme en una manta (que pesada siempre me arropa y la miro como diciendo: "mmmmmm que agustito" y lo único que quiero es que se las pire para destaparme…!!!). Apaga las luces y se va a la fría sala para hacer espuma con la boca. En cuanto me deja a oscuras salgo pitando detrás de ella. En ocasiones trata de darme esquinazo antes de entrar en aquella habitación, otras me deja que le acompañe y la observe. Y es entonces cuando viene lo bueno. Apaga la luz y sale corriendo por el pasillo. Puedo oler el miedo. Huye de mí… lo sé. Lo malo es que consigue darme esquinazo y se encierra en la habitación. Pero no me importa porque aun así tras la puerta, se escucha su corazón chocando contra su pecho: pum-pum, pum-pum,… Recorro el pasillo sin mirar atrás, y las espero de nuevo, como a la luz que me alumbra al llegar la mañana… y cierro los ojos y dejo que colme mis sueños, ella, la que me acompaña en las noches cerradas… y en las frías y cálidas… Rosita…

Algunas Presentaciones

Mis dos mascotas: no son un encanto? A la derecha la soprano y a la izquierda la pequeñita.





Este es mi mejor amigo, nos gusta entrenar juntos





Estos son mis padrinos. Al fondo el hombre a quien debo la vida. Su esposa (un poco límite pero muy cariñosa) en primer plano.

Y aquí está ELLA. La que me acurruca entre algodones y me trae jamoncito del bueno, ay Lola!!


CHAPTER III

Por las mañanas no hay mucho movimiento en la casa así que paso el rato durmiendo, excepto cuando viene Lola. Ellas no lo saben, pero me cuida bien, siempre tiene un nuevo manjar para mi cuerpito. Paso el rato conociéndome. Escalo, salto, vuelo, corro, nado, hablo... Cuando llegan trato de estar en el cestito que con tanto mimo me han preparado. Sé que les hace ilusión encontrarme allí de vez en cuando. Hasta que se sientan en el sillón... mmmmmmm me encanta que me toquen y los CABEZAZOS... Esos son los mejores. Sobre todo la pequeñita; esa si lo ha cogido rápido. Si lo único que tienen que hacer es acariciarme con su hocico un ratito en la cabeza antes de dormirme... para mí significa mucho...

A veces, cuando estamos tumbados las observo. No sé, es algo raro. Se lamen... ¿y por qué a mí no? Lo intentaré de nuevo a ver qué pasa.

Tengo un nuevo amigo. Me encanta porque se deja hacer de todo. Lo cojo con las cuatro patas y rodamos por toda la terraza. A veces le muerdo y me golpea con una correa... Es una relación de amor odio.

Se han ido a dormir. Me dejan colocadito entre algodones y las miro y les digo "hasta mañana" con la patita. Apagan la luz y vuelve la vida. La mujer alta ha descubierto un nuevo juego para mí. Es genial. ¡Las cortinas! El tema consiste en coger carrerilla por el sofá y cuando llego a la altura de las cortinas, cojo impulso y saaaaaaaaaltoooooo. Soy capaz de dar 16 patas antes de caer de nuevo al sillón. Esta mujer es genial...

CHAPTER II

No se por qué razón esta atracción no puedo volver a utilizarla. Han puesto una especie de chimenea rodeando a MI palmera... Pero no me importa. Son muchas las macetas. Me encanta cuando acaban de regarlas. Es genial sentir la tierra húmeda entre mis patitas (ahora negras, ahora blancas...)

La segunda noche en mi nuevo hogar estuvo llena de nuevas experiencias. Descubrí que no estoy solo. Tienen la casa llena de animales (algo sosos). Intenté ponerme de acuerdo con ellos para lanzarnos al suelo desde diferentes alturas y... bueno, finalmente tuve que divertirme a solas. Me acercaba a ellos sigilosamente, los echaba del sillón, y cuando estaban abajo... ¡¡¡zas!!! me lanzaba sobre ellos. Cuando estuvieron todos en el suelo, miré a mis mascotas y ahí estaban, sentaditas en el sillón. Parecía que comían. Oía: "Hiru, Hiru...". Bueno, no tenía nada que perder, me apetecía un poquito de mimos.

La mujer alta, estaba llevándose a la boca una sustancia llamada leche. La pequeña no hacía más que decirle que no se le ocurriése darme nada (aguafiestas)... Así que cuando esta última se despistó, puse mi mejor carita y la mujer de pelo rizado mojó en uno de sus dedos un poquito de leche... buff!!! qué sensación!!!. No podía dejar de lamerle, tanto me emocioné que terminé clavándole mis dientecitos en el dedo. Fue sin querer, en serio, tan solo me dejé llevar. Después de aquello miro de otra manera a la que desde entonces llamo "La soprano", menudo grito pegó...

Durante días estuve explorando la zona más luminosa de la casa. Ellas entran y salen de lo que llaman "terraza". Esperé a que no me prestasen atención y decidí aventurarme y entrar en el lado oscuro... Guau!! digo Miau!! el suelo estaba más liso. Tanto que patinaba. No estuve mucho tiempo porque una de ellas gritó a la otra que el gatito ya no tenía miedo de entrar en la casa... Así que abandoné mi aventura por un rato. Luego, como no podía ser de otra manera volví... y no dejé de correr de un lado a otro. Tomaba carrerilla y me dejaba llevar hasta que me chocaba contra alguna puerta. Tengo que tomarme más en serio mis clases de patinaje...